Las cosas no suceden porque sí.

 

Una nueva temporada iniciaba y la cabeza de Elizabeth seguía mezclada entre estadísticas, marcadores globales, calendarios y sinsabores del año anterior. Todo esto no la tenía de muy buen humor, pero le bastaba repasar las nuevas canchas que les tocaba visitar para recomponer el día. Aun así, sentía cosquillas en el estómago, un poco diferentes a las de otros inicios de campaña y no sabía muy bien la razón, como si presintiera algo...

Ella lo atribuía a que en su casa, al lado de una foto familiar colgaba un viejo banderín del Club Deportivo Cruz Azul y ella, que si bien nunca había tenido la oportunidad de ir a la capital a ver jugar de local a La Máquina, su padre y sus hermanos estaban "como enfermos" de este tema. Ella no estaba exenta de esa "enfermedad", pero al ser mujer, no encontraba una forma auténtica de expresarla a su manera.

De repente, en algún momento de la tarde, el teléfono sonó y la voz nerviosa del otro lado delató a su amor de invierno...

(Con aquel joven, había quedado en alguna plática sin importancia, ir juntos a la primera oportunidad que Cruz Azul jugara en el Estadio Azul. Para que ella, según él, tuviera su bautismo de verdad, pudiera elevar su voz al compás de las otras, sentir la adrenalina de la salida del equipo, gritar el gol como una exhalación final.

Ella no podía creer que esas palabras se las dijera alguien más o menos de su edad, y que fuesen de una magnitud y similitud a las que ella escuchaba en casa.)

...

Imer - Hola, ¿Ely?

Ely - Sí, ¿cómo estás? Qué raro tu llamada, hace mucho que no me hablas... pensé que...

Imer la interrumpe.

Imer - No sé qué pensaste, pero tengo las dos plateas para ir este sábado a ver a Cruz Azul, ¿vamos?

Ely - No, no puedo...

Él la vuelve a interrumpir con su timbre de voz contrariado y aún más nervioso.

Imer - ¿Cómo que no...? Habíamos quedado que sí... Disculpa la tardanza en llamarte pero el trabajo y algunas obligaciones... ¡pero no podemos perdernos...!

Ahora ella lo interrumpió.

Ely - Digo que no puedo ir a la platea. Cámbialas y llévame a la cabecera, que yo estoy igual o más "enferma" que tú por Cruz Azul.

Un silencio se apoderó de la llamada.

Imer - Entonces...

Ely - Entonces, ¿me pasas a buscar a la central de autobuses o nos vemos en la Colonia Nochebuena? Yo llevo la camiseta del '97...


Las cosas no suceden porque sí, todo seguramente tiene una explicación y los más lógicos dirán que es así, pero creo que el corazón llama a que sucedan de una manera tan cierta que parece increíble. Lo que siente el corazón muchas veces la mente no lo llega a comprender y, seguramente un gol gritado en el Estadio Azul llenaría a Ely y a Imer para siempre.

Y tuvieron suerte esa tarde, la verdad que sí, mucha suerte. El primer gol lo gritaron y se abrazaron tímidamente, como se abraza uno con cualquiera ante un gol de su equipo. Pero cuando el segundo infló la red, la intensidad fue mayor, y en el tercero y último no se puede llegar a describir lo que sintieron.

La Gente Cementera gritaba y alentaba... en su delirio y alegría sus manos se alcanzaron. Algún tiempo más se inició desde esa tarde.

Un idilio se inició. Una misma bandera los había unido, idénticos colores la pasión y similares dolores la frustración. Y ahora comparten por igual vientos optimistas y pesimistas pero siempre juntos.







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